Si son habitantes de nuestro México lindo y qué herido, sabrán de lo que les voy a hablar. Los tacos callejeros en todo el país siempre han sido nuestro refugio a esa hambre incontrolable después de aquella agotadora jornada laboral, después de andar de ocioso en la escuela (pero igual de agotado), o simplemente por cometer el pecado que los mexicanos cometemos más; La Gula. Sea cual sea nuestra situación de hambriado, los tacos callejeros son y han sido nuestros fieles y placenteros acompañantes.
Los puestos de tacos tienen una amplia gama de productos para ofrecer al tragón y al hambriento; taquitos al pastor, de suadero, longaniza, campechanos, bistek, carnitas, guisado, aquel grupo de tacos de tripas y vísceras que causan repugnancia a la mayoría de las personas, etc... pero claro, todo esto debe de ser acompañado de un refresco o de un boing, unas cebollitas bien cocidas, y lo más importante: una buena salsa, ya sea roja o verde.
Algo que cabe destacar es que apróximadamente más de la mitad de las taquerías callejeras se llaman "El cuñado" o "El Paisa", pero las taquerías con el primer nombre tienen un peculiar detallito, en esas taquerías te tienes que referir a toda persona, ya sean propios o extraños, con el apoco de Cuñado; cuñado pásame la sal, cuñado hechame otros dos campechanos, cuñado destápame un boing de guayaba, dame chance cuñado, ¿Cuánto es cuñado?. Todo esto por hacer alusión a la bromita de que andan con tu hermana, tengas hermanas o no, pero ellos no lo saben y no les interesa.
En cuanto al mito de los tacos de perro es algo que los taqueros se llevaran con ellos a su tumba. Así que no se preocupen por eso y traten de no imaginarse que se estan comiendo un taco de pastor... aleman.
La verdad es que ya me dio hueva y hambre seguir hablando de tacos. Así que hasta la próxima entrada. Arrivederci.
jueves, 19 de marzo de 2009
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